El Peso de una foto

Por Luciano González.

Argentina vive tiempos turbulentos, en los que una foto es el retrato de la miseria económica y humana, de una realidad que atraviesa a miles de ciudadanos.

La mañana del 15 de febrero, con el recuerdo fresco de un romántico día del amor y la amistad, Bernardino Ávila se alista para una nueva jornada laboral. Sus herramientas a cuestas y enfila rumbo a la estación de constitución.

Ahí, trabajadores de la tierra, productores de verduras, peones, que también son ciudadanos, votantes, contribuyentes, o como quieran llamarlos, se congregan para un constitucional acto de protesta social
Un «Feriazo». (Valga la redundancia, quizás intencional de llevarlo adelante en la estación «Constitución»). Es que en el ultimo tiempo Argentina se volvió el país del «Azo»; «Verdurazo», «feriazo», «Pañuelazo», «tetazo», «zapatillazo», «panazo», y el peor de todos «Tarifazo», entre otros «azos» que han removido las posiciones de la gente respecto de la realidad económica del país, Una verdadera bataola de protestas sociales han hecho de habitué el día a día de los que transitan por el centro de la ciudad, y se les oye a algunos apoyar y por su puesto a otros rezongar, como ignorando que cuando alguien pelea por derechos, estos mismos aplican para todos, sin embargo eso es harina de otro costal.

Represión y detención a trabajadores de prensa y cooperativa Madygraf. Foto: Matías Baglieto.

Ávila ya embozado de su cámara, lanza una que otra foto de los preparativos de este «acto de rebeldía social», como lo enmascaran las autoridades para justificar la represión que se avecina.

¿Que puede haber de rebeldía en vender verduras, fruto de la tierra, a precios populares? por su puesto el daño a la economía de un señor Coto,
Peña Braun, Lucksic, Walton, Paulmann
o cualquier otro poderoso dueño de góndolas que pagan 2 pesos con 50 la lechuga para vender en góndola a 50. Claramente son cosas que uno entiende cuando escucha las razones que esgrimen quienes están ahí soportando el calor de febrero con sus cajones de verduras, no tienen por que entenderlo el policía que mandaron a reprimir, ni el vecino que pasa renegando el piquete en su auto con aire acondicionado.

Ávila levanta la vista y comienza a moverse mas rápido hacia uno de los gazebos que habían instalado los trabajadores en la plaza del frontis de la estación, mientras corre como fotógrafo profesional y con la experiencia que le antecede, va midiendo ya en su cabeza los parámetros necesarios para la foto que quiere hacer, sus dedos se mueven sobre los botones de su cámara casi sin mirar, tal como un pianista cuando ejecuta su obra maestra, sol, movimiento, y muchos otros parámetros necesarios para cada toma.

Se dispara la represión, vuelan las lechugas en medio del gas urticante, los ojos enajenados se enfrentan a los ojos irritados, cilindros de goma caen con desarraigo sobre esos contribuyentes que se aferraban a sus cajones con el verde fruto de la tierra, unos cumplen «su deber» otros desisten de su posición, es un momento en que el espejo de la cámara de Ávila no dejó de subir y bajar, congelando momentos que quedarán quizás en sus archivos personales o en la computadora de algún editor del medio en el que trabaja, en ese inmenso depósito fotográfico que llaman archivo.


Represión en el «Feriazo» organizado por UTT
Foto: Cortesía Bernardino Ávila.

Luego de unos minutos de histeria, gas, verdura y cajones voladores, de paradojas en el poder, de bestialidad, de manjar para unos y bronca para otros, llega la paz, pero no por eso la calma. Por que es en este momento luego de toda esta barbarie, es que viene la terrible radiografía de una sociedad con hambre.

Una fotografía que recorrió el mundo Foto: Cortesía Bernardino Ávila.

Una mujer mayor, una madre, una abuela, una vecina, una contribuyente, una jubilada, una votante, una compañera…. Angela Teresa. Se había acercado a conseguir las verduras a precio popular por que su bolsillo no da para ir a la góndola a pagar 50 pesos, por que su jubilación no es mas que una decisión de 150 tipos sentados en un sillón frente a una computadora enrostrandose lo buenos o malos que son sus compañeros, que nunca sabrán lo que es el hambre, por que acomodan todo para su propio beneficio, se había acercado por que ella, como muchísimos otros de Argentina, sabe lo que es el hambre, y no le importo que esas 4 o 5 berenjenas en el suelo estuvieran impregnadas del gas irritante que la policía repartió tan bondadosa mente, no le importó, por que a esta altura de la mañana ya eran gratis, si las recogía, se las podía llevar.


Nadie me gobierna. Como voy a dejar que la policía nos intimide para comer. Fui a buscar berenjenas y rúcula porque no puedo pagar los precios del Coto.

Teresa.

Pastel, guiso, ensalada, nadie sabe que pretendía hacer esta abuela con las berenjenas, lo que si sabemos es que no le sería fácil aunque fuesen gratis, hacerse de ellas. Bernardino, vio toda esta imagen en su cabeza antes que sucediera, quizás en aquella imagen desgarradora de esta abuela recogiendo cada berenjena, frente a la indiferencia, y lo déspota de los de los aparatos represores que la rodean, como si no importase nada mas, son ella en su mundo y Ávila integrándose a de ella, «click» y un momento eterno nace, por 1/650 avo (quizás) de segundo el mundo se detiene, y se congela para siempre esa fracción de segundo dentro de un sensor aps-c. El rostro de la miseria, hoy ya tiene nombre y representa a una generación de jubilados que hoy no cuentan con los 50 pesos para una lechuga de góndola, o 30 pesos para una berenjena. El nuevo símbolo de lucha se alza desde el suelo como recogido por esta abuelita y todo lo que esta imagen de Bernardino significa, una berenjena, una simple berenjena gaseada.

Foto UTT

Así como estas berenjenas emergen del suelo en manos de esta desdichada jubilada, emerge también el cólera, del grupo de aparatos indolentes que se plantan, como menhires, indiferentes al terrible cuadro que se desarrolla justo a su lado, por que les dijeron que no son pueblo, que están en un nivel superior, que a ellos el precio de la góndola no les afecta, no hay tal crisis. el momento relatado se vuelve viral en los medios, y el nombre de Bernardino Ávila cuelga del borde derecho inferior de cada publicación, por que estuvo ahí, y encontró ese momento justo, ese cuadro desgarrador y tuvo la expertiz de lograr una captura única que da cuenta de su sensibilidad frente al hecho, quizás como un Kevin Carter de nuestra época, quizas, como un Bernardino Ávila de nuestra época.

Este momento que le valió la notoriedad, también trajo consigo un esperado resultado, esta inusitada fama removió en lo profundo de la sociedad, algunos para abrir los ojos y darse cuenta de lo que realmente está pasando en el país, otros con el ego herido ante esta estocada visual, fatal de la realidad, por esta vergüenza del mejor equipo de los últimos 50 años, urdieron algo en la penumbra, que vio la luz este 20 de febrero.

Ávila nuevamente se encuentra tras el ocular de su réflex, esta vez trabajadores de la cooperativa Madygraf se concentraron frente al congreso para regalar cuadernos, y ayudar algo a apalear los 6.000 pesos en promedio que costará este año la canasta escolar, esta vez todo es distinto, el aire está caliente y no es solo por los 40° de sensación térmica en la ciudad a las 10 de la mañana, suma temperatura la bronca guardada de un policía hacia su persona por aquella foto de Teresa y sus berenjenas.

Foto: Ariel Segovia (Izquierda Diario)

«Es ese, ese de ahí» escuchó Ávila que gritaba el oficial primero Geraña, al momento que le apuntaba con un dedo inquisidor, como si lo hubiese buscado desde hace tiempo, al unisono retumbaba en la caja de espejos el sonido de la cortina subiendo y bajando para dejar otra postal de la bronca que le guardaban.

Momento en que Geraña señala al reportero.
Foto: Cortesía Bernardino Ávila.

Geraña se abalanza con tal fuerza sobre Ávila que choca con su boca el objetivo de la cámara del reportero, lo que le provoca al uniformado un sangrado en las encías, lo cual usa como justificativo para esgrimir golpes de luma, y una violenta detención, de Ávila, Barrientos (Revista cítrica) Roberto Torres (Madygraf) y un solidario joven que quiso evitar las detenciones arbitrarias de los reporteros. Mas de 12 horas privados de libertad, a gusto de Geraña, 12 horas aguantando la tortura física y psicológica de la incertidumbre, al desconocer la hora de la libertad, afueras todos gritan «Somos Fotógrafos no delincuentes, Fotografiar no es Delito» el «Hashtag» ya recorres las redes sociales, y la organización de diversos grupos de compañeros, colegas y trabajadores de la cooperativa Madygraf, esperan firmes afuera de la delegación policial a que Ávila y compañía salgan de esa puerta, por que aun por suerte podemos esperar eso.

Compañeros de Ávila y Barrientos esperan afuera de la comisaría. Foto Manuel Cortina.

Es ahí donde cabe preguntarse ¿cuanto pesa una foto? La cárcel, La muerte, el repudio, la gloria. Como alguien dijo por ahí: «van por los fotografos por que muestran que el Rey está desnudo.»

Liberación de Ávila Foto: Manuel Cortina.

Muchas cosas pueden provocar las fotografías, pero lo mas importante es que deben mantenerse siempre como un retrato certero de la realidad. Para Ávila esta vez significó un día menos de libertad, para otros como Cabezas, la ultima foto de su vida.

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